En tiempos de fiebre digital, los especialistas afirman que tomar apuntes a mano garantizará mejores notas en el futuro. Cómo lograr que los más chicos mejoren su capacidad de aprendizaje a través del lápiz y el papel


«Es una realidad. Cada vez es más palpable la revolución que generó el inicio de la era digital en los niños. La misma incide directamente en las formas y los modos en los que enseñamos y aprendemos», dijo a Infobae Carolina Schutz, licenciada en psicopedagogía (MN 114.481).

La disyuntiva es clara: ¿cuál es la forma más efectiva para que los chicos aprendan? «Las propuestas son diferentes, pero no antagónicas», agregó Schutz. En algunos países, como Finlandia, la caligrafía está siendo desplazada por la mecanografía. Allí no consideran que algo tan arcaico como un lápiz y un papel sea el futuro. Sin embargo, un estudio llevado a cabo por investigadores de las Universidades de Princeton y de California concluyó que los estudiantes que toman apuntes a mano obtienen –a largo plazo– mejores resultados que los que realizan todo a través de una tablet, celular o PC.

Son muchos los profesionales que, ante esta fiebre digital, destacan la importancia del aprendizaje de la escritura a mano para la asimilación de conceptos, el desarrollo de la memoria y la comprensión lectora. «Sostengo firmemente que no es recomendable perder el hábito de escribir a mano. Son innumerables sus beneficios, aunque tampoco se pueden desestimar los aportes tecnológicos que enriquecen la enseñanza de los chicos», destacó la especialista.

La clave, parece claro, está en conjugar ambas cosas: escritura manual y digital. «Está bueno decir que redactar a través de los métodos tradicionales permite crear –progresivamente– una representación interna de los aspectos constructivos del cerebro. Se evidencian mejores posibilidades vinculadas con la ortografía, dándoles más sentido y significado a las palabras. También la fluidez de ideas, en donde se potencia la composición, capacidad lectora y memoria de una persona», agregó Schutz.

Marcela Milesi, grafóloga y licenciada en recursos humanos, aseguró a Infobae que «es recomendable que los niños inicien su práctica de escritura entre los 6 y los 7 años. A partir de aquí el niño está apto para el aprendizaje de reglas sociales y normas que dirigen la sociedad; también los códigos especiales que ella usa para comunicarse».

Sus primeros trazos serán rectos, rotos, arqueados, retocados, temblorosos. Las curvas, angulosas y abolladas. Los óvalos pueden estar mal cerrados o demasiados obtusos, la inclinación y dimensión de la escritura, mal controlada.

«Todos estos aspectos son normales y, a medida que el niño comience a tener mayor control motriz, van desapareciendo –progresivamente el temblor, los aspectos vacilantes e inciertos en el trazo, las líneas rotas, entre otras cuestiones», destacó Milesi.

«Sí. Cuando el bloqueo es emocional, la acción de escribir en sí misma permite poner en palabras emociones, pensamientos y deseos. Desde ese concepto es liberador y canalizador de emociones. También desde la grafoterapia se trabaja aplicando ejercicios para efectuar modificaciones conscientes con el objetivo de lograr cambios subconscientes en la personalidad y así la resolución de conflictos, rendimiento, la confianza, la autoestima, la capacidad de concentración y de la memoria«, contó Milesi.

A modo de conclusión, la psicopedagoga Schutz destacó que, «a pesar de los innumerables beneficios que se desprenden de la alternativa convencional, son incontables las oportunidades que pueden surgir a través de la escritura digital«.

Publicación: Infobae